España - México
08 de octubre del 2016
Slaymen Bonilla Me encuentro con el Doctor Mauricio Beuchot en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, en Ciudad Universitaria. Muchas gracias por recibirnos Doctor.
Mauricio Beuchot Gracias a usted.
Slaymen Bonilla Aquí vamos. ¿Qué piensa de la actual filosofía española y mexicana?
Mauricio Beuchot Yo pienso que están muy hermanadas, que están como en una especie de diálogo que se puede señalar. Me parece, en primer lugar, que estamos en un mismo nivel. Hay varias corrientes, pero las dos primordiales son la Filosofía Anglosajona, principalmente la Filosofía Analítica, y la Filosofía llamada Continental, que reúne la Fenomenología, la Hermenéutica, el Existencialismo o, simplemente, los seguidores de Heidegger. Y creo que en ambas corrientes, tanto en la Filosofía Anglosajona como en la Continental, estamos trabajando tanto los españoles como los mexicanos. Hay bastante intercambio, ya desde hace tiempo. A mí me tocó, por ejemplo, desde los 80, compartir Congresos o Coloquios que ha organizado la UNAM y alguna otra universidad de España. Lo principal que a mí me da gusto es que tenemos diálogo. Yo tengo bastante diálogo con filósofos españoles, con colegas que nos retroalimentan en nuestra investigación filosófica.
Slaymen Bonilla Me mencionaba algo sobre esta categoría de “Filosofía Iberoamericana”.
Mauricio Beuchot ¡Ah, sí! Incluso he visto que para evitar fricciones, suelen hacer congresos de Filosofía Hispanoamericana o, incluso, Iberoamericana, para que también abarque a toda la Península Ibérica, incluyendo a Portugal y, en el caso nuestro, a Brasil, los que hablan en portugués. Por eso, de alguna forma, en España se toman en cuenta estas cosas divergentes, que se salen del camino trillado; por ejemplo, en el caso de Enrique Dussel con la Filosofía de la Liberación. Me imagino que también por eso les interesaba y lo llamaban continuamente. Y, en mi caso, por esto de la Hermenéutica Analógica, que les ha gustado tanto allá también, que se sale un poco de lo que ya están trabajando. Yo creo que tenemos excelentes filósofos analíticos, pero como me decía Mardones,1 pues también tienen allá, tenemos aquí excelentes fenomenólogos, pero también en España los hay y, lo mismo, “posmos” muy “posmos”, muy de “rompe y rasga”. Yo los conozco, bueno a algunos de ellos. Pero yo creo que estamos al mismo nivel, tenemos muy buen nivel en todos estos campos en México al igual que en España.
Slaymen Bonilla Ahora que habla de esto de hacer cosas distintas (como lo que están haciendo usted o el Dr. Dussel), el Dr. Michel Onfray menciona en el libro La inocencia del devenir que actualmente hay un mal en la filosofía: el “citacismo”, que es el citar y citar, filósofos que sólo repiten. ¿Cómo cree que esté la filosofía que usted llama Iberoamericana? ¿Realmente se está proponiendo algo distinto? Ya mencionábamos estos nombres, el de usted, el del Dr. Dussel; pero ¿se está haciendo algo distinto, incluso en la filosofía en general, o sólo nos hemos dedicado a repetir en las últimas décadas?
Mauricio Beuchot Bueno, mire, yo creo que también hay que matizar. Hay los que únicamente repiten o están en ese período (yo creo que todos lo estuvimos). Al principio, en mi clase, les digo a mis alumnos que yo tengo una teoría de hacer filosofía, que es “la tarea y el juego”. Primero tienes que hacer tarea, después puedes jugar. ¿Qué es lo que nos decía mamá cuando llegábamos de la escuela a la casa? “No sales a jugar hasta que hagas la tarea”. Pero hay muchos que juegan sin hacer tarea, y se les nota. Y hay otros que nada más hacen tarea, ¡y qué triste!, porque lo hacen toda la vida; pero hay que independizarse y pensar por cuenta propia. Yo creo que es la obligación que todos tenemos. A mí me da mucha risa la frase de un muy querido amigo mío, Carlos Pereda,2 que es, yo creo, de estos divergentes, que habla de una “filosofía sucursalera”: “yo soy el dueño aquí en México de Derrida”. Así he encontrado gente que se dice dueña de Gadamer, o dueña de Ricoeur, o dueña de quien sea, dueña de la Posmodernidad, por ejemplo: el filósofo más posmoderno, el dueño de la posmodernidad. Y a eso le llama, bastante fuerte lo que dice Carlos Pereda, la “filosofía sucursalera”. Se dedica a repetir y hasta representa a tal o cual corriente o filósofo. Yo me cansé de eso. Yo creo que también influyó el que me tocaron los dos lados de la filosofía en el mundo, pero aquí en México. Primero los analíticos, que estuve doce años en Filosóficas y nadie se atrevía o no nos atrevíamos a proponer nada, sino a criticar, a tumbar lo último que dijo el último que se atrevió a proponer algo, por ejemplo Quine. Entonces, todos los artículos eran contra Quine, luego fue Davidson, todos los artículos eran contra Davidson. Y me daba mucha risa otra frase que para mí es célebre de otro muy querido amigo que ya murió, Héctor Neri Castañeda, un guatemalteco analítico, muy bueno, que estuvo en Bloomington; él decía: “la Filosofía Analítica es una filosofía parasitaria, vive de comerse al otro”. Nadie propone nada. Además éramos analíticos no sintéticos. El analítico es el que hace “pedacería”, incluso hace pedacitos a los que quieren hacer síntesis. No se valía hacer síntesis, era piecemeal work, trabajo de pedacito, pedazo pequeño; tenía uno que buscar lo que dice Wittgenstein sobre tal cosita y entrarle allí, y de ahí sacaba uno un artículo y ya quedaba tranquilo de que no lo corrieran ese año del Instituto. Pero era parasitaria, ahora sí que fagocitaba a los compañeros, a los colegas, y ahí era el “citadero” que usted menciona, en el que nada más se trabaja a los de la propia corriente. Incluso se sigue haciendo a los puros amigos, porque lo mismo hacen los posmodernos y los continentales, únicamente citan a los que están en esa tradición y, de preferencia, a los que tienen cerquita, porque viven despellejándose los unos a los otros. Yo creo que la crítica ciertamente ayuda, pero hay que pasar un poquito más allá y ser creativos. Muchos han creado criticando; cuando uno critica tiene que separarse de lo corriente, pero también es muy triste la filosofía peleonera que nada más vive de poner objeciones. Otra frase célebre, ya que andamos con las frases, pero ésta de la escolástica, dice: “Una intuición vale diez silogismos”. Una inspiración, alguien que capta algo, vale más que diez que tumban o que ponen argumentos; porque ahí era siempre que los analíticos preguntaban (y, claro, lo obligaban a uno a ser riguroso): “¿Cuál es tu argumento?” Y, si puedes, formalízalo allí en el pizarrón. Entonces, yo creo que hay que evitar esos dos extremos: los que nada más hacen tarea sin poder jugar (y que la creatividad viene en el juego, lo dicen todas las teorías); pero hay otros que juegan sin hacer tarea. Entonces hay que buscar ese equilibrio. Yo creo que el meterse un tiempo al “citadero” (pero no al “citadero” excesivo) a trabajar un tema o a un autor a profundidad, después lo capacita a uno para poder crear; es Piaget, primero se repite y luego se juega, la talacha y la diversión; él dice “la repetición y el juego”. Primero hay que repetir, el niño aprende repitiendo, pero después ya no te queda repetir, así lo pensé en mi caso. Por eso para poder trabajar Hermenéutica me vine aquí a Filológicas.4 Yo fui al congreso de Paul Ricoeur, con Paul Ricoeur, allí lo conocí y me pareció fabuloso, otro divergente, muy creativo y me decían que era el “sociorollo”. También en clase a mis alumnos, que tuve algunos muy chicos, de segundo semestre, les decía: “Miren, hagan primero talacha, después van a poder jugar todo lo que quieran”. Hay que hacerse especialista en algo. Yo tengo el orgullo de decir que uno de mis compañeros, en Filosóficas, es el mejor especialista en Wittgenstein de toda América Latina; o sea, se puede, ya después de eso podrán contarme todo lo que han creado, y no así que, de repente, “se me ocurrió la Nueva crítica de la razón pura”, sin haber estudiado nada.
Slaymen Bonilla Sabemos que en la UNAM hubo este movimiento de españoles que llegaron huyendo de la Guerra Civil, como Eduardo Nicol y otros. ¿Qué filósofo o filósofos españoles del siglo XX, sea por su formación o por sus lecturas, lo han marcado?
Mauricio Beuchot Yo pondría, en primer lugar, a Unamuno, pero también Ortega y Gasset, al que he leído muchísimo. Yo creo que eso es lo que me ha ayudado a bajarle a la parte analítica; son los vitalistas por excelencia. Posteriormente, en España, ha habido otros, no tanto por profesorado o por influencia de arriba, sino compañeros: José María Mardones, Andrés Ortiz-Osés, Sixto Castro de Valladolid, Jesús Conill y Adela Cortina, de Valencia. Casi siempre me invitan o yo los traigo. Está María Martín en Salamanca, con Gómez-Heras, su profesor. Y así hay muchos con los que comparto, nos leemos unos a otros, en el afán, no tanto de hacer escuelitas o grupitos cerrados, sino de dialogar; yo necesito diálogo. Mencionaba usted a los “transterrados”, pues al que yo conocí y, hasta recibí clases de él, fue a Eduardo Nicol. Creo que a todos nos marcó. A Gaos ya no lo conocí, ya había muerto cuando yo entré a las cosas de filosofía acá en la UNAM; pero a Eduardo Nicol lo conocí, no lo traté porque era uno de los grandes profesores, y no hablaban con uno, pero creo que sí me llegó a tocar lo que él presentaba, sobre todo esa erudición que tenía, por ejemplo, en la Filosofía Griega. Llevé clases también con Sánchez Vázquez, y de los españoles creo que nada más con esos me tocó.
Slaymen Bonilla ¿Y Zubirí?
Mauricio Beuchot ¡Ah! Mire, Zubiri menos. Él fue de los primeros que leí al hacer filosofía. Yo soy del 68. Me acuerdo que no entendía nada y el libro genial de él que por ahí me encontré en una biblioteca, Naturaleza, Historia, Dios, me salvó, porque explica lo que es la idea platónica, entre muchas otras cosas. Todavía leí las Cinco lecciones de filosofía; pero ya después las otras cosas eran muy complicadas. Tenía yo, más bien, amigos que eran especialistas en eso e iba y les preguntaba: “oye, ¿qué es el ‘de tuyo, el de suyo, el de mío’?” (todo lo que ponen para plantear el problema del Realismo). Pero no, no fue determinante la cuestión de Zubiri, aunque sí, siempre he tratado de leerlo y de seguir un poco las líneas que ha dejado, sobre todo en Teoría del Conocimiento, que es lo que más me ha parecido utilizable. A lo mejor se me olvida alguno de los actuales, pero tengo diálogo incesante con los filósofos contemporáneos, sobre todo los de Hermenéutica.
Slaymen Bonilla Ahora que habla de Hermenéutica, usted tiene esta categoría de “Hermenéutica Analógica”, y fuera de la grabación me decía que se está trabajando; estábamos hablando de cómo usted ha sido impactado por filósofos españoles y cuáles fueron éstos, pero también usted está impactando a filósofos españoles. Actualmente, en algunas Universidades, se está trabajando su teoría de la Hermenéutica Analógica, ¿puede platicarnos un poco, por favor?
Mauricio Beuchot Mire, yo creo que me tocó algo autobiográfico, para que surgiera lo de la “Hermenéutica Analógica”, porque yo estuve, como le dije, doce años en Filosóficas,3 en donde se cultiva mucho la Filosofía Analítica, la cual a mí me gustó mucho, pero todavía había mucho “positivismo lógico” en mi tiempo, y eso es un univocismo como no se imagina usted. Allí es la Univocidad, nada de que esto tiene sus asegunes o matices, allí es o no es. Era pura Lógica Matemática. Yo fui profesor de Lógica Matemática, pura Filosofía de la Lógica y Filosofía del Lenguaje, muy duro, muy lógica, y Filosofía de la Ciencia, pero también muy fuerte, casi nada de Ciencias Humanas, sino Ciencias Duras. Pero después aproveché que me invitaron aquí a Filológicas, donde llevo muchos más años, a coordinar el Centro de Estudios Clásicos, y me di cuenta, al ir con los del Seminario de Poética y en la Facultad de Filosofía y Letras, de que estaba la Posmodernidad, que a mí me daba escalofrío porque nos poníamos a discutir sobre Walter Benjamin, y uno decía: “sí, Benjamin es Apocalíptico” y otro: “no, yo lo leo como Antiapocalíptico”. “Ah, muy bien”. Y yo: “¡cómo que muy bien!” Si está diciendo —yo todavía con el cuadrado de las “oposiciones lógicas”— lo contrario, sino es que lo contradictorio de lo que tú dices. “No importa, ésa es su lectura, como la tuya es tu lectura y la mía es mi lectura”, o sea un relativismo extremo.
Slaymen Bonilla Equivocidad…
Mauricio Beuchot …es la Equivocidad. Ahora ya ve por qué fue a base de puras angustias. Sí, porque angustia tanto el Univocismo como el Equivocismo, y yo no sé cuál sea el peor, ahí se van los dos. Entonces, aproveché, yo estuve en el rigor mortis de la univocidad, y ahora caí en el mar proceloso de la equivocidad, en donde también te puedes ahogar. Y me dijo una muy querida amiga (traductora, investigadora y profesora de griego): “Oye, tú que eres filósofo, danos método, enséñanos algo, porque cada quien traduce como puede”. Y en algunos es literal, que yo creo que es una cosa absurda y, en otros, de un verso les salen diez —bueno es que era Píndaro, que es el más difícil de traducir de los poetas griegos—. Entonces dije: “¿qué les enseño?”. La analítica no les va a servir, pero me acordé de que yo había trabajado a Ricoeur y algo, aunque menos, a Gadamer; “bueno, voy a darles hermenéutica”. Gadamer, gran hermeneuta, fue también gran filólogo clásico, junto con Heidegger, pero entonces dije, vamos a evitar tanto la Univocidad como la Equivocidad, pero está faltando algo… la Analogía, que desde Aristóteles hasta Quine hay tres modos de significar en semántica: el unívoco, el equívoco y el analógico, y curioso, fíjese, la Modernidad fue unívoca, la Posmodernidad ha sido equívoca y nadie quiere a la analogía. La Modernidad no la quiso, porque decía que era pre-científica; y ahora, con Pierce, dicen que la necesitamos para lanzar buenas hipótesis. Yo soy un enamorado de Charles Sanders Pierce, gran inventor de la semiótica, pero también gran epistemólogo y ontólogo, quien dice que para tener lo que llama la “abducción”, las buenas hipótesis, se necesita sentido de la “iconicidad”, y la iconicidad es la analogía en sus términos. La Modernidad no quiso a la analogía porque la consideraba pre-científica, ya ve que hay un argumento por analogía en la ciencia. Ahora, en la Posmodernidad no la conocen; si la Modernidad despreció la Analogía, la Posmodernidad la está buscando y no se da cuenta. Todos buscan la Tierra Media; Derrida, por ejemplo, decía: “lo que a mí me interesa no es la de-construcción, sino la différance”, y la différance está en bajarle a la dichosa Metafísica, buscar la Analogía. Todos son anti-unívocos, como en la Modernidad todos eran anti-equívocos, pero yo creo que ahí es en donde tenemos un tesoro, en el concepto de Analogía, que se puede vertebrar en el de Hermenéutica. Esto es lo que busco, una hermenéutica que no tenga la pretensión de la Hermenéutica Unívoca de la Filosofía Analítica y, sobre todo, del Positivismo Lógico, de una interpretación única, exacta, rigurosa, rígida, pero tampoco el “tu lectura, mi lectura, su lectura”, que podríamos llamarle la “Interpretación Equivoca” de muchos —aunque no de todos— posmodernos. Alguien que me ayudó mucho fue una gran filóloga que tuvimos (ya murió), Helena Beristáin, que hizo ese gran Diccionario de Retórica y Poética, leyendo a Octavio Paz, porque él amaba la Analogía, sobre la cual yo pude hablar un par de veces con él; nada más que él la entendió un poco diferente; más bien la Analogía de los Románticos, de la poesía. Él dice: “El núcleo de la poesía es la Analogía”. Así, encontré en Octavio Paz, en un libro precioso que se llama Los hijos del limo, en donde dice que la Analogía tiene dos caras, que son la Metonimia y la Metáfora. Entonces fui con Helena Beristáin y me remitió a Jacobson, al cual, creo que Paz leía mucho o, al menos, se inspiraba mucho en él. Jacobson sostiene que la Analogía tiene dos caras, la Metonimia y la Metáfora, y que no solamente son la clave de la poesía, sino de todo el discurso humano; porque para hacer ciencia, aunque exagera un poco, usamos la Metonimia, y, para hacer poesía, la Metáfora. Un poco exagerado, porque se puede hacer poesía con Metonimia; ahí está Machado, al que no le gustaban la metáforas, pero decía que hay que hacer poesía sin usar metáforas, casi como hablando en la calle. Y también puede hacerse ciencia con Metáforas. Hay un libro de Max Black5 que se llama Modelos y Metáforas, donde, según él, demuestra que los mejores modelos científicos han sido metáforas afortunadas. Vea todo lo que me da la Analogía, es un despliegue fabuloso y, sobre todo, para el Símbolo. Fui a Granada en el año 86 a un congreso sobre Paul Ricoeur con Paul Ricoeur, y llevé una conferencia sobre el Símbolo y, al acabar, me dijo Ricoeur: “Oiga, tenemos que tomarnos un café”. Platiqué con él padrísimo y me dijo: “Mire, para el Símbolo usted necesita el concepto de Analogía; revise mi Simbólica del mal al final y mi libro La metáfora viva, también al final, en donde se habla de cómo la Analogía es lo que sustenta a las Metáforas; entonces para interpretar al Símbolo, que es lo más propio de la Hermenéutica, se necesita la Analogía”. Me quedó trabajando eso en el subconsciente. Y ya en el año 93, fue cuando después de muchas búsquedas y vueltas, en el Congreso Nacional de Filosofía en Cuernavaca, lancé la idea de una Hermenéutica Analógica. Lo de siempre, muchos a favor y muchos en contra, pero eso es lo que anima la investigación: las objeciones.
Slaymen Bonilla ¿En qué Universidades o qué investigadores o qué personas que conozca lo están trabajando en España?
Mauricio Beuchot En España, por ejemplo, en la Universidad de Valladolid, está el profesor Juan Coca, que tiene todo un grupo que hace Hermenéutica Analógica. Tienen una página que se llama Hermes Analógica, por si la quiere visitar, ahí tiene mucha información. Y, también, en la Universidad de Valencia hay un profesor que se llama Francisco Arenas-Dolz, que trabaja con un grupo la Hermenéutica Analógica. Están haciendo tesis, una de doctorado en Granada, sobre aplicar la Hermenéutica Analógica a la Educación, y también en Sevilla hay un profesor, José Barrientos, que tiene un grupo y ya han hecho varias tesis sobre Hermenéutica Analógica. De hecho, me cuentan —pero no tengo el dato preciso— que se trabaja en Barcelona, que debe de haber alguna tesis también. En Madrid, en la UNED, Teresa Oñate, en clase, enseñaba un módulo sobre Hermenéutica Analógica, porque la consideran Iberoamericana, no nada más mexicana, sino algo que compartimos con ellos.
Slaymen Bonilla Las últimas dos preguntas, ¿cuál o cuáles serían, según su criterio, los derroteros que debe seguir una nueva Filosofía en Hispanoamérica, en Iberoamérica?
Mauricio Beuchot Yo creo que tiene uno que fijarse más en hacer una filosofía propia. Le voy a decir por qué. En la Facultad y en varias partes, España entre ellas, me dicen que desprecian olímpicamente, por ejemplo, la asignatura de Filosofía en México o Filosofía Latinoamericana. Hay un autor que trabaja mucho a los españoles, Jesús Conill, el esposo de Adela Cortina, al que yo siempre le pregunto: “Oye, ¿por qué siempre aterrizas en Zubiri?”. Es del grupo de los que editan a Zubiri allá en Madrid. Hay un gran grupo que es como una Sociedad Zubiri, con Diego Gracia, que creo que es quien la maneja. Y él [Jesús Conill] me dice: “yo me propuse siempre utilizar autores españoles”; porque para todo mete a Zubiri. Tiene un libro precioso sobre Nietzsche y acaba, los últimos capítulos, “¿qué respondería Zubiri a lo que dice Nietzsche?”. Y lo mismo con Ortega, Zambrano —a la cual yo he trabajado mucho— y Unamuno. Bueno, aquí es igual; usted hable de dar Filosofía Mexicana y le van a decir que para qué. A lo mejor me estoy arriesgando mucho, pero hay una cosa que a mí me encantaría poder hacer, y es algo que veo tanto en la filosofía española como en la mexicana, que es tratar de conjuntar la Razón y la Emoción, [o] el Sentimiento; no están tan separados. En la Analítica sería impensable, y en los Posmos es pura víscera y odian la razón; eso es “violencia teórica”, hablar de la razón es violencia teórica. Y, además, lo que le decía de la Analogía, que conjunta Metonimia y Metáfora; lo último que yo estoy trabajando de Hermenéutica Analógica es que en la Analogía hay una dialéctica. Pero aquí también me van a atacar, porque es una dialéctica diferente, no es la dialéctica hegeliano-marxista, como la “analéctica” de mi amigo Enrique Dussel y mi otro amigo Juan Carlos Scannone.6 Ésta es diferente, es la dialéctica que se encuentra en Kierkegaard, Nietzsche y Freud. Ahí me va a criticar mucho, pero ni modo, es otra dialéctica. En Kierkegaard es la “paradoja”, pero es dialéctica. Ahora, no tiene síntesis, no mata a los contrarios, porque ya ve que en el Aufhebung de la superación de Hegel, usted mata a los dos y sale algo nuevo, pero ya mató a los otros. Y en ésta no; y en Nietzsche es Apolo y Dioniso, que hacen también dialéctica pero sin síntesis, no engendran nada, son varones los dos y, además, son hermanos, y hay que hermanarlos porque son hermanos peleados. Y, finalmente, en Freud es la “dialéctica abierta”, así la llama Ricardo Blanco,7 un gran amigo mío, filósofo y psicoanalista, que me dice: “Oye, sí, es una dialéctica diferente, en Freud es la ‘dialéctica abierta’, la que se da entre la ‘pulsión de vida’ y la ‘pulsión de muerte’, entre Eros y Thanatos, o la que se da entre el Ello y el Súper-Yo y el pobre yo, en medio, angustiado”, es dialéctica; hay grupos que lo están trabajando conmigo, y con este amigo psicoanalista y filósofo, el Dr. Ricardo Blanco, hay un grupo trabajando esto como una dialéctica diferente que puede ayudar al ser humano.
Slaymen Bonilla Doctor, una pregunta que me surgió por lo que está diciendo. En mi trabajo, en mi tarea, he intuido algo que llamo Pesimismo Utópico, que igual es como una paradoja (el propio nombre), y veo mucho que en la línea pesimista (ahora mencionó a Nietzsche, a Freud, que vienen un poco de Schopenhauer, pero también otros menos conocidos, como Mainländer)8 se trabaja más esta noción de opuestos; también está Adorno, quien no es pesimista, con la “dialéctica negativa” o Mainländer, que sí pertenece a esta línea, con el “humorista”. Yo, en el Pesimismo Utópico, hablo justo de cómo el sentimiento que quiere crear, que quiere resolver los problemas de la humanidad, que busca la esperanza, el “principio de la esperanza”, se enfrenta contra la razón, lo que nos muestra que el mundo es destrucción y guerras. Entonces, el hombre siempre está en este sufrimiento o angustia del yo, una angustia existencial; el pesimismo lleva esa añoranza, esa angustia existencial. ¿Podría ir por ahí? Porque veo que en Hispanoamérica el Pesimismo ha sido poco trabajado; por ahí el Dr. Fernando Savater, en sus inicios, era como el heredero, por llamarle así.
Mauricio Beuchot Yo ahí le mencionaría a otro que a mí me influyó mucho y se me estaba olvidando, mi gran amigo Eugenio Trías,9 él sabe conjuntar el Pesimismo y la Utopía, que es lo que usted está buscando. Yo se lo recomendaría para trabajarlo. Que, además, esto que está haciendo usted es muy Analógico, es esa dialéctica que no tiene síntesis, es decir, no tiene lo que buscaba Hegel, “la perfecta reconciliación”, porque nuca va a lograr esa Utopía. Pero el Pesimismo es lo que nos dinamiza para poder buscarla. Entonces entiendo por qué habla usted de esperanza, siguiendo a Bloch;10 es vivir en esa paradoja. Usted mencionaba a Adorno, recuerde que él tiene la “dialéctica negativa” —a mí me han dicho que mi Hermenéutica Analógica se parece mucho a la “dialéctica negativa” de Adorno—. Pues claro, su tesis doctoral fue sobre Kierkegaard, la Estética en Kierkegaard. Pero, entonces, lo que yo veo (y también lo veo en el Pragmatismo de Pierce), que es disminuir las dicotomías, no siempre se puede hacer síntesis y, además, ni conviene. Yo veo que el dinamismo aquí, en lo que usted está planteando, vive de la tensión, ¿no es cierto?
Slaymen Bonilla Sí.
Mauricio Beuchot Entonces eso es una dialéctica, no me diga que no.
Slaymen Bonilla Sí, sí.11
Mauricio Beuchot Yo recuerdo que me llamaba muchísimo la atención un filósofo posmoderno que a mí me gusta mucho, que es Gilles Deleuze, fue un gran historiador de la filosofía, él sí que hizo tarea para poder jugar. Pero él dice, en su libro sobre Nietzsche, que Nietzsche era anti-dialéctico, claro, anti-hegeliano, que es otra cosa. Pero no se da cuenta… Dice que a Nietzsche lo que le interesaba era la diferencia, ya ve que todos los Posmos son de la diferencia. Claro, era una dialéctica diferente, Apolo y Dioniso. Los ponía a convivir, a coexistir y a coadyuvarse. Se acuerda, el último Nietzsche, ya el maduro, porque no vivió mucho, no llegó a viejo, dice que más bien hay que hermanar, conjuntar a Apolo y Dioniso. Si Apolo es la Univocidad y Dioniso es la Equivocidad, es la Hermenéutica Analógica. Está por el mismo camino que yo he explorado.
Slaymen Bonilla Usted sabe que para mi tesis de maestría trabajé a Lucian Blaga, este filósofo rumano que traje de allá, que traduje, y que habla del Conocimiento Paradisiaco y del Conocimiento Luciferino. Dice que el Conocimiento Paradisiaco es lo que casi siempre la filosofía ha hecho: univocidad, ciencia; disminuir el misterio del Universo; y el Luciferino va más hacia la permanentización o potenciación del misterio. Y ahí, en ese proceso, hay una tensión que Blaga llama “antinomia transfigurada”, que es esto que acaba de decir.
Mauricio Beuchot Sí, sí, sí. También vi algo de eso en un librito que me regalaron sobre Mircea Eliade. Hay una profesora rumana que está en la Anáhuac del Norte, esposa de Rafael García Pavón, ahorita no recuerdo el nombre, pero usted debería contactarla. Ella tiene un libro sobre Cioran, que le quita a uno la idea del Cioran loco que venden acá en la Facultad, de un Cioran reventado. Realmente fue un hombre que sufrió muchísimo, muy profundo, no es el Cioran que venden acá en mi Facultad de Filosofía y Letras. Pero sobre todo me gustó un libro que me regaló, sobre lo que ella trabaja, que son filósofos rumanos, y que los quiere dar a conocer acá. Un librito que sacó sobre Mircea Eliade, ¡qué barbaridad!, lo del mito que se reactualiza; el mito es una ontología. El mito para Mircea Eliade es como la anticipación de lo que va a suceder, y fíjese que a mí me pareció cierto; mucho del futuro de la Antropología Filosófica lo encontramos en los mitos. O gente que trabajó mucho la mitología o se embebió mucho de ella, como Leonardo da Vinci, predicen un montón de cosas que después son realidad, o las novelas de ciencia ficción, por ejemplo, novelas de ciencia ficción de los 50, antes de las computadoras, que ya hablaban del dominio de las computadoras, Stanisław Lem,12 por mencionar un caso.
Slaymen Bonilla La última pregunta, Doctor. ¿Qué piensa de lo que dice el Dr. Leonardo da Jandra sobre incluir, de manera obligatoria, la Filosofía y la Ética en la enseñanza secundaria de nuestro país?
Mauricio Beuchot Se me hace muy importante. Se lo digo porque un grupo de nosotros, con Guillermo Hurtado,13 de aquí de Filosóficas, y con Gabriel Vargas14 de la UAM, tenemos lo que se llama El Observatorio Filosófico, que fue pura lucha para impedir que se quitara la filosofía del Bachillerato, y se logró un edicto, una cosa oficial que parece que no la han respetado del todo; pero para no quitarla, porque querían quitar todo. Entonces, me parece una propuesta importante. Ahora sí que “pesimista-utópica”.
Slaymen Bonilla Bueno, eso sería todo. Agradezco su tiempo. La revista Avispero le agradece su tiempo y por aquí seguiremos en contacto con usted. Muchas gracias.
Mauricio Beuchot Gracias a ustedes.
Transcripción: Jeremy Coleman Romero y Slaymen Bonilla
  1. José María Mardones (1943), filósofo español.

  2. Carlos Pereda Failache (1944), filósofo uruguayo/mexicano.

  3. Instituto de Investigaciones Filosóficas.

  4. Instituto de Investigaciones Filológicas.

  5. Max Black (1909-1988), filósofo estadounidense.

  6. Juan Carlos Scannone (1931), filósofo argentino.

  7. Ricardo Blanco Beledo (1945), filósofo y psicoanalista uruguayo/mexicano.

  8. Philipp Mainländer (1841-1876), filósofo alemán.

  9. Eugenio Trías Sagnier (1942-2013), filósofo español.

  10. Ernst Bloch (1885-1977), filósofo alemán.

  11. De hecho, aunque ya no tuve la oportunidad de comentarlo con el Doctor, en el Pesimismo Utópico a este tipo de dialéctica le llamo: “desgarramiento dialéctico”.

  12. Stanisław Lem (1921-2006), escritor polaco.

  13. Guillermo Hurtado Pérez (1962), filósofo mexicano.

  14. Gabriel Vargas Lozano (1947), filósofo mexicano.

Frases
Slaymen Bonilla
  • Escritores invitados

México, 1988. Licenciado en Filosofía por la Universidad La Salle y en Ciencias Políticas en la UNAM, Maestro en Filosofía por el CIDHEM. Cuenta con más de veinticinco publicaciones. Es autor del sello Ediciones y Punto y fundador del Colectivo de los Filósofos Malditos. Su propuesta es el Pesimismo Utópico.

Fotografía de Slaymen Bonilla

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