Columna Semanal
28 de octubre del 2018

Jakob von Gunten debería ser una obra elemental para la iniciación de cualquier persona en el universo de la literatura. Escrita por el polémico Robert Walser (Suiza, 1878-1956, Suiza) en el año 1909 en Berlín. Nacido en una familia numerosa abandonó la escuela a los catorce años, tres años después saldría de su hogar buscando cualquier tipo de trabajo que le diera lo necesario para vivir y escribir. A pesar de que Walser no tuvo éxito literario acompañado de una gran dificultad para publicar, su obra llegó a ser admirada por escritores de gran relevancia como Kafka y Hermann Hesse. Una de sus más grandes aficiones era el paseo, actividad que se ve representada tanto en la dinámica nómada que regía su vida, como en el peculiar método que tienen sus protagonistas para pensar y observar su entorno: el paseo.

La novela nos muestra desde un principio el diálogo interior que atañe al adolescente, esos cúmulos de ideas que por más pensadas y criticadas, de vez en cuando no pueden llegar a ser aclaradas. Jakob von Gunten, el protagonista de esta obra, nos redacta el perfil completo de un alumno del Instituto Benjamenta.

La facilidad con la que Walser convierte al lector en protagonista permite ahondar en un mar de perspectivas y deducciones, mostrándonos las más lúcidas pero a la vez contradictorias ideas de Jakob. Entendiendo de esta forma que Jakob siendo de una familia acomodada, teniendo talento, inteligencia y los recursos para potenciar sus habilidades hasta cumplir una meta, decide inscribirse al Instituto Benjamenta en donde les enseñan a ser sirvientes y a cumplir órdenes. En pocas palabras, negó la oportunidad de ser alguien para titularse como un don nadie en la vida. Habiendo renunciado a esa responsabilidad con la sociedad de ser alguien, se dedica a criticar a las personas que están en esa competencia diaria de orgullos, escribiendo en su diario “Por otra parte, existen muchos, muchísimos esclavos entre nosotros, hombres modernos, carcomidos por su orgullo. Tal vez los hombres de hoy seamos todos una especie de esclavos, dominados por una concepción enojosa, innoble, fustigante.”, y para presentarnos por completo a esos futuros hombres modernos, el joven protagonista desmenuza las personalidades de sus míticos compañeros o profesores con su lúcida y tenaz pluma. Cada uno con sus respectivas peculiaridades se ve arrojado al destino afrontándolo con valor, siendo un perfecto cero a la izquierda que a través del cumplimiento del deber interfieren en la sociedad, pero desde el último peldaño, manteniéndose así anónimos, firmes a su educación.

Esta obra me ha impactado por la capacidad que el autor tiene de describir atmósferas con su gran poética, así como crear y estructurar a los personajes con sus respectivas personalidades e ideas, de esta forma haciendo una novela sólida que permite al lector hacerse uno con el protagonista y su entorno. Posee un ritmo envolvente; la manera en que aborda los problemas existenciales del protagonista, su perspectiva de la vida y la forma en la que decide actuar de acuerdo a su pensar y no pensando como actúa (que sería una fuerte crítica a lo que él llama el hombre moderno), son una invitación a conocerse uno mismo, a visualizar y entender nuestro entorno. Y en la medida en la que comprendemos nuestro entorno buscamos la mejor forma de apropiarlo o mejorarlo.

Finalmente, en 1929 Walser se interna voluntariamente en diversas clínicas psiquiátricas, en donde continuó escribiendo hasta 1933. Murió en la navidad de 1956 mientras daba un paseo en las periferias de la clínica. Fue así como murió, de la forma en que cualquier personaje creado por su pluma moriría: en silencio, con la mirada al cielo, tirado en la nieve y perpetuamente solo.

Kozzobi Sampedro Alonso

Estudiante del COBAO 01 Pueblo Nuevo

Fotografía de Kozzobi Sampedro Alonso

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