México
11 de noviembre del 2016

CACALUTA 23-6-99

Cada vez que el aplauso del demos alcanza a un autor de obra duradera, siento que se comete una traición al verdadero conocimiento. No niego que hay grandezas que resisten la fácil celebración; pero un encumbramiento artificioso es pasaporte seguro para ingresar a la ignominia de la fosa común. El dilema es cada vez más acuciante: ¿cómo resistir, sin caer en el ostracismo, la tentación profana del poder?

CACALUTA 30-8-99

Lecturas efímeras de autores contemporáneos: libros que mi humilde biblioteca rechaza por falta de espacio. Entre todos los recibidos el más reciente de Daniel Sada Porque parece mentira la verdad nunca se sabe merece que se le haga un lugar. Se trata de un delirio lingüístico interminable, como si al desierto de Sonora comenzaran de pronto a crecerle las más inverosímiles orquídeas por todos lados.

MÉXICO D.F. 9-10-99

Cena en casa de Paty Mazón, mi editora en Planeta. Además de ella y Raga estuvieron también Héctor Manjarrez y Martín Solares, editor de Tusquets.

Se habló sobre literatura y cine en gozosa discordancia. Condena total a Ripstein por su creciente deformación festivalera, y a Carlos Fuentes que se ha convertido en un personaje fársico para satisfacción de los consumidores de literatura estéticamente correcta.

Con Héctor la relación es cariñosamente belicosa. No perdona los destellos protagónicos, y cuando arremete lo hace con la torpe necedad de un macho cabrío en celo. Antes de la tercera copa la simpatía fue plenitud de concordancias, después el intercambio de opiniones se convirtió en guerra franca.

Paty es ahora el último eslabón que me une a los fenicios de Planeta.

MÉXICO D.F. 15-10-99

Lectura del número de Viceversa dedicado a los chicanos. La faceta positiva es que al parecer el director Fernando Fernández tomó en serio mi señalamiento de que las oleadas hispánicas en usa son la punta de la flecha de la hispanidad. Lo negativo es seguir comprobando, a través de los textos de los colaboradores del otro lado —en su mayoría profesores universitarios— que el nivel cultural de los chicanos apenas está rebasando los linderos de la barbarie tribal.

En fin, todo por hacer en el seno de una identidad agraviada por los excesos globalizado- res del patriarcalismo estéril que ha convertido al color blanco en símbolo de la pureza y la perfección.

Si todos los imperios se desmoronan desde adentro, no prepararse para la convulsión activadora de la caída sería un error imperdonable. En cada bracero emperrado en cruzar hacia el otro lado, hay ya en ciernes un congresista beligerante en pro de los derechos hispanos, y un astronauta dispuesto a inmolarse en el ciberespacio llevando en la mano un banderín con la efigie de la Virgen de Guadalupe en lugar de las consabidas barras y estrellitas.

CACALUTA 20-2-00

Lectura de El lado activo del infinito, obra póstuma de Carlos Castaneda. Es increíble que el destino haya escogido a este sudamericano desarraigado para dar a conocer una de las filosofías más eficaces y antiacadémicas que han existido. Lejos está ya el júbilo con que la intelectualidad mexicana —con Octavio Paz a la cabeza—celebró la aparición de Las enseñanzas de don Juan. Ahora los libros de Castaneda son exhibidos en las librerías en la sección de esoterismo, y sus lecciones ya no tienen el menor efecto subversivo.

Cuando baje al fin la marea perniciosa que desataron las mujeres de su grupo con su ambición masiva, los conocimientos milenarios transmitidos por el extraordinario brujo yaqui pasarán a formar parte del legado iniciático de los cultores del secreto y el sigilo. En fin, un hombre que vivió a la sombra del portentoso sol que descubrió, y que murió como un Prometeo de la modernidad, con el hígado comido por el deseo de trascendencia.

Cada vez las estupideces que oímos por la radio nos parecen más ajenas y aéreas. De afuera poco esperamos ya, y lo que llega trae inevitablemente la marca del progreso destructivo. Cuanto mayor es la admiración por la manera como la Naturaleza intenta rehacerse desde el silencio más sublime, menor es el grado de sentimentalismo que me relaciona con todo lo humano. De seguir así, en unos años más podré al fin lograr la inversión del gran principio civilizador que nos encadena a una vida de pura rumia y decir que todo lo humano me es ajeno.

CACALUTA 30-7-00

Carta de Guillermo Fadanelli que viene a sacudir la modorra improductiva.

Se lamenta del atrapamiento infértil de la monstruosa ciudad; y no puedo menos que reírme desde el atrapamiento infértil de la selva.

Los dos compartimos la convicción de que en una sociedad de farsantes como la nuestra, el lugar de los héroes lo ocupan los viciosos. Y a los dos nos dan lástima nauseante los mendigos de notoriedad.

La autenticidad es un lujo subversivo, por eso a Fadanelli y a mí nos unió la filosofía.

CACALUTA 3-9-00

Para mí la lectura es el remedio más eficaz contra la muerte; sin ella, sin la apertura cósmica que conlleva, o deseo morir o deseo matar. Así, al alejarme por igual a la renuncia mística y del asesinato, los libros son el contacto más virtuoso y benefactor para mi vida salvaje... Y también, justamente, la manera más peligrosa de fomentar mi natural haraganidad como escritor.

¡Pero para qué autoflagelarnos si la única forma de ocio con dignidad que existe es el libro!

Sólo vive el que sabe, y lo único que yo sé es que si el pensar consume la vida, el leer la potencia.

Rumia deleitosa de la Vida del Doctor Johnson, de Boswell. Aunque sigo sosteniendo que la biografía crítica que hizo el propio Johnson de Milton es insuperable; la de Boswell puede ocupar un dignísimo lugar. La proximidad del resplandor del genio del fervor casi religioso ante el patriarca, impidieron que la visón de Boswell se remontara hasta la altura desde la que Johnson había diseccionado con divina luz la naturaleza mítica de Milton.

Desde la limitación del instante, no acierto a encontrar en castellano en los dominios de la biografía algún intento que pueda siquiera emparejársele. Tenemos, sin duda expresiones cimeras en la autobiografía novelada o novela autobiográfica —entre las que siguen ocupando un lugar excepcional las de Bernal Díaz y Vasconcelos—; pero en los dominios de lo estrictamente biográfico estamos haciendo apenas los primeros tanteos. No obstante, por su inteligencia y ambición, Krauze pudo haber sido el hombre elegido para ser nuestro Boswell, si hubiera tenido la humildad y veneración necesarias para ver en Octavio Paz a su Dr. Johnson.

Y a decir verdad, sólo conozco entre mis contemporáneos a un escritor que podría acercarse en rigor, profundidad y sarcasmo al Doctor Johnson, y es Christopher Domínguez. Por supuesto que existen obvias diferencias —como la mayor ambición y la menor frecuentación de los clásicos en Christopher—; sin embargo, el rayo justiciero y luminoso de la crítica, lo mismo que esa timidez existencial ante la violencia y la muerte que ambos comparten, le da a los dos una condición de águilas encumbradas y prontas a hundir sus garras de fuego en toda la vileza intelectual y la estupidez reptante. Y aun cuando hoy pareciera absurda la comparación, la obra de Christopher confirmará a la larga su grandeza. Pero he aquí la que tal vez sea la mayor divergencia: la visión luminosa del Dr. Johnson jamás se alejó de lo divino; mientras que la de Cristopher Domínguez todavía permanece encadenada a lo profano. Tal vez, por su ambigüedad y poder presentáneo, Christopher Domínguez no pase de ser un Lytton Strachey.

CACALUTA 13-10-00

El buen amigo Marcelo Uribe me mandó Cartucho, el libro de relatos más intenso sobre la Revolución mexicana. Es una lástima que Nellie Campobello no completara su visión genial y fría con una novela como Pedro Páramo. De todas maneras, Cartucho, junto con Balún Canán son cumbres del novelar femenino en el siglo xx mexicano. El prólogo de Jorge Aguilar Mora, aunque excesivo en el encomio, es justo en su reivindicación.

MÉXICO D. F. 19-11-00

Cena en casa de Eduardo Parra y Claudia Guillén, con Guillermo Fadanelli, Mauricio Montiel y consortes.

Con el paso del tiempo estoy descubriendo que Fadanelli es un perfecto caballero disfrazado de asesino barriobajero. La impecabilidad con que recibió el ataque de un joven veinteañero, con más ambición que talento, y que tildó a su literatura de rústica y superficial, puso en evidencia la grandeza de un felino que sabe que le basta un simple cimbreo de la cola para espantar el vuelo impertinente de la mosca carroñera.

Desde su lucidez atormentada el joven renegó con igual brío de su generación, que ve como el más rotundo fracaso llegar a los veinticinco años sin tener obra publicada en una editorial de prestigio. Lo lamentable del asunto es que la cobarde lucidez de estos jóvenes desesperados no les haga tentadora la consumación del suicidio. En fin, carne domesticada y artificiosa que no sirve más que para alimentar el olvido.

Derroche de alcohol y palabras —de la crítica literaria a la filosófica— que duró hasta el amanecer y me confirmó que con seres como Guillermo, Eduardo y Mauricio la convivencia- lidad literaria es un acontecer entusiasmante.

CACALUTA 3-4-01

Entre los libros que me envió Marcelo, unos fragmentos muy amenos de un diario de viajes de Sergio Pitol. En medio del delirio protagónico y del anhelo ruin de inmortalidad de tantos escritores periféricos, Pitol sigue siendo un reducto de nobleza literaria. En esta prosa viajera el mundo circundante se abre a la mirada con la misma fascinación de un rito de paso. Pitol quiere descubrir los misterios de la vista; pero al final también juzga. Y hay que concederle a ese juicio tan afinado unas virtudes literarias que en nuestras letras ya no abundan.

De un tirón leí también el librito de Parra con el cuento que ganó el premio Juan Rulfo. Persisto en la misma impresión que me produjo la lectura de Los límites de la noche: Eduardo Parra es el heredero natural de Rulfo. Hoy comprendí en un vislumbre numinoso que los seres mediocres y vanos que triunfan, están ahí para ayudarnos a renunciar a la vanidad.

Afuera las noticias dicen que todos ven con escándalo la corrupción, pero nadie rechaza sus beneficios ni deja de celebrar las inmoralidades de los amigos corruptos.

CACALUTA 27-5-01

Los heliólatras mueren siempre abrasados por la luz.

En un noticiero nacional escucho el comentario visceral de un opinólogo donde enfatiza que es una vergüenza para México que personajes como Poniatowska, Krauze y Monsiváis ocupen el lugar que antes ocupaban Justo Sierra, Vasconcelos y Reyes... Olvida esta pobre alma resentida que sólo en la adversidad se forja la grandeza, y que al calor de premios y reconocimientos únicamente fermenta la inmundicia.

En una sociedad desgarrada como la mexicana, la impostura del intelectual que se deja seducir por el estrellato sólo debe merecer desprecio. Pero como casi todos los hombres inteligentes ansían el reconocimiento, se entiende que el desprecio y la envidia se hayan convertido en el lenguaje genuino del medio.

Si existiera un mínimo de coherencia e integridad, todos los cultores de la luz efímera tendrían que llegar a la raíz de su deseo: el autodesprecio.

¡Pero no confundamos el fugaz encumbramiento electrónico con la pura energía del espíritu!

CACALUTA 29-7-02

Sólo los hombres imprudentes y superficiales toman decisiones importantes al amparo de Eros y no de Tánatos.

Se dice que el rey sabio Netzahualcóyotl, al igual que ciertos jerarcas bíblicos, tomaba las decisiones de su gobierno mientras observaba la mirada vacía de un cráneo humano que tenía a su diestra. En algunos jerarcas religiosos los extremos de la fascinación del poder terrenal llegan a lo mórbido. Así sucedió con el papa Inocencio ix, que en los momentos de mayor apuro pedía que lo dejasen solo para contemplar un retrato al óleo donde aparecía fidedignamente en su lecho de muerte.

Yo jamás he tenido que tomar decisiones importantes. Por fortuna esa parte tanática de mi existir le corresponde al destino. Como tuve la condena de no poder ser un cobarde o un farsante, me vi obligado desde mi primera juventud a enfrentar a cada instante mi desmesura. Lo único que al final contaba era mi voluntad: la imposibilidad para huir y dar la espalda, y el consiguiente enfrentamiento con lo no deseado. Por eso es que nunca he tenido que tomar decisiones importantes, por no poseer escuadras invencibles ni un alma sepulcral donde guardar las culpas de todos mis pecados.

CACALUTA 12-4-03

Objeción de Raga al oír lo que dije sobre la Tragicomedia mexicana de José Agustín; “Sigues siendo innecesariamente crítico”.

Sí, tal vez tenga razón y yo confunda maliciosamente la sinceridad con el escarnio. Mas si algo es irrenunciable en mi diario es justamente decir lo que pienso, a sabiendas de que muchas veces lo que yo diga —recuérdense las Confesiones tan amañadas de Rousseau— sea apenas un detalle artificioso de lo que se calla. Reconozco que hay algo de perversidad, más de lo que mi corazón desea, en apuntillar lo criticado. De José Agustín, por ejemplo, debí decir dos cosas que silencié de manera alevosa: su perfilado sentido de la amistad, y el hecho de que es el autor de una de las obras fundamentales de la literatura mexicana de la segunda mitad del siglo xx: Se está haciendo tarde (final en laguna).

Hasta aquí tendría que haber llegado el juicio para evitar el agravio. Pero es muy difícil, casi lindando con lo imposible, reeducar al vampiro de la crítica una vez que se ha enviciado con la sangre. Por eso, al dar opción al elogio estoy obligado a reconocer enseguida que la Tragicomedia Mexicana es una de las infamias literarias más vergonzosas de nuestra literatura.

Puede haber perdón, pero no olvido, ni para el que se regodea en el lodo ni para el que critica desde la soberbia.

OAXACA 2-7-05

En el claustro del exconvento de Santo Domingo. Emmanuel Carballo presentó Entrecruzamientos, y yo Protagonistas de la literatura mexicana. Celebramos los cuarenta años de su obra crítica (fundamental en las letras mexicanas), y los veinte de mi trilogía.

Fueron dos días intensos compartiendo afinidades. Hablamos de la arrogancia de los nuevos críticos como Christopher Domínguez, y los dos lamentamos que Evodio Escalante desperdiciara su talento en trajines académicos.

En plena presentación le solté a Emmanuel la pregunta decisiva: ¿Por qué no había incluido a Revueltas entre sus Protagonistas...?

“Por ser mi amigo”, dijo con un brillo cul- pígeno en los ojos. “Lo fui posponiendo y posponiendo hasta este momento, en que me veo obligado a reconocer que la omisión de Revueltas es imperdonable”.

Después hablamos sobre El resplandor de Mauricio Magdaleno, El luto humano de Revueltas, y Al filo del agua de Yánez, los antecedentes literarios del portento rulfiano.

El deber de todo escritor cabal es contribuir a hacer más habitable el mundo.

CACALUTA 21-10-05

Me entero por la radio que a José Emilio Pacheco acaban de otorgarle el premio más importante de poesía en lengua castellana. Se trata, sin duda, de un poeta de gran sensibilidad e inteligencia. Otro amante frustrado del anonimato condenado a ser gloria nacional. El mismo locutor que daba la noticia no tartamudeó al decir que Pacheco venía a ocupar el sitial de Octavio Paz...

Esperemos que Pacheco, con sus Batallas en el desierto, no sufra la misma suerte que Paz con su Laberinto de la soledad. Ambas obras, decididamente menores, tienen la característica del fruto empalagosamente popular que eclipsa la grandeza del árbol. Pero Pacheco, al contrario de Paz, ha sabido cultivar el cariño masivo, y lo que el pueblo consagra ningún crítico ni comentarista efímero lo podrán degradar.

Al respecto, he aquí un diamante de verdadera ley de Ortega en El espectador: “Y un escritor no empieza a ser ‘gloria nacional’ hasta que no repiten que lo es las gentes incapaces de apreciar y juzgar su obra”.

OAXACA 31-3-06

Ayer, con Hugo Hiriart como invitado, Martín Solares y yo inauguramos el primer taller de literatura en el Centro para las Artes de San Agustín, Etla.

Es, sin duda, el proyecto literario más ambicioso en la incipiente microhistoria literaria de Oaxaca. Los alumnos, quince en total, tendrán la oportunidad de convivir durante un año y los cuatro últimos días de cada mes, con los mejores escritores de México.

Después de vivir durante veintisiete años aislado en la selva, el destino me lanza ahora a esta nueva aventura en la fascinante y conflictiva Ciudad de Oaxaca. La tarea es lograr que la literatura oaxaqueña deje de estar a la sombra sobajante de las artes plásticas. Cabe esperar que la Feria Internacional del Libro y la editorial Almadía contribuyan felizmente a este proyectado resurgimiento literario.

Lo único que me queda claro es que ya no deseo regresar al paraíso infernal del que fui expulsado por los burócratas arrogantes. Pero ya no necesito odios ni rencores, hay multitud de tecnócratas descerebrados que ansían cultivarlos.

OAXACA 25-1-07

Visita de Juan Villoro al taller de creación literaria que impartimos Martín Solares y yo en el Centro para las Artes de San Agustín.

Hacía muchos años que no veía a Juan y fue una gratísima sorpresa comprobar que, a diferencia de otros escritores encumbrados, no se le ha subido para nada el merecido éxito.

Juan Villoro, Guillermo Fadanelli y Heriberto Yépez son sin duda los escritores más inteligentes de la literatura mexicana contemporánea. Fue para mí una estimulante lección ver como, incluso en los momentos más incisivos, Juan se negó a derivar hacia una crítica descalificadora de otro colega. Se trata de un carácter excepcional que sólo puede mover a admiración y aprecio. Sé que muchos lo califican de prisionero servil de lo políticamente correcto, pero lo cierto es que por su encantadora personalidad Juan está condenado al éxito. Y ya sabemos que, en un medio de mediocridades caníbales, el éxito es indisociable de la envidia y el escarnio.

Entre la fauna literaria las enfermedades y las desgracias unen, los triunfos separan. Pero sólo los enfermos de resentimiento o los mediocres irremediables pueden negarse a reconocer la inteligencia y la bondad de un escritor como Juan.

Los triunfos de los hombres de talento son celebrados por el pueblo; sus errores y caídas sólo son celebrados por los necios.

OAXACA 3-12-07

Comida en casa de unos amigos, donde se ventiló la actitud oportunista de Jorge Volpi e Ignacio Padilla al oficiar de monaguillos en el homenaje a García Márquez y Alvaro Mutis.

Es inevitable que la pobreza de espíritu dé rienda suelta a la bestezuela envidiosa que todo escritor lleva adentro. Pero más allá de la respuesta babeante que pueda provocar en ciertas mentes resentidas el éxito de Volpi y de Padilla, está la referencialidad ética. Hace unos años, cuando acababa de recibir con su novela En busca de Klingsor el premio Seix Barral, Volpi encabezó un encuentro de jóvenes escritores donde se decretó arrogan-temente la sentencia de muerte al realismo mágico. ¿Qué tenían que hacer entonces él y Padilla en una mesa donde se homenajeaba a Mutis y a García Márquez?

Aunque me opuse a que se les tildara de oportunistas y trepadores, no dejó de parecerme censurable el hecho de que hayan aprovechado la multitudinaria convocatoria de los dos gigantes colombianos con los que no tienen nada en común.

Alguien muy próximo al expresidente Belisario Betancurt, que también estaba en la mesa con los homenajeados, oyó de labios del culto político que cuando Mutis ya no aguantó la lectura de uno de los monaguillos y se levantó con el pretexto de ir al baño, García Márquez emergió cabeceando de un ensueño y le escribió en una nota: “¿Qué hacemos con estos pendejos, nos levantamos y nos vamos?”

La anécdota no es circunstancial sino generacional, y es una pena que el talento de estos jóvenes se humille tan servilmente ante las exigencias innobles y profanas del éxito.

Una generación de mendigos del éxito no puede aportar nada durable. Y el mendigo que pide y no recibe, no es más que un asesino impotente.

Frases
Leonardo Da Jandra
  • Coordinador editorial

Leonardo da Jandra nació en Chiapas, México, en 1951. Poco antes de cumplir un año, sus padres lo llevaron a Arousa, en Galicia. Cursó estudios universitarios en Madrid y posteriormente se trasladó a Ciudad de México, donde asistió a un curso de doctorado en filosofía de la matemática en la UNAM con la polémica tesis titulada Totalidad, seudototalidad y parte.

Fotografía de Leonardo Da Jandra

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