Columna Semanal
19 de junio del 2018

Nunca antes en la historia de la humanidad habíamos tenido tanta libertad sexual, ahora el ciudadano común ya no puede enumerar la cantidad de manifestaciones de este tipo: trans, homo, sado, maso, etc. Ya se ve normal el matrimonio entre dos mujeres y dos hombres, hasta pueden adoptar hijos.

Pero no siempre fue así, Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, fue el que liberó a la horda de demonios instintivos de la prisión milenaria en que estaban recluídos por mandato del patriarcalismo religioso judeocristiano. Estudioso profundo de mitos y ritos, Freud llegó a la conclusión de que la represión (instinto tanático) era el motor de la humanidad, y que la liberación de esta represión (instinto erótico) era la condición indispensable para la liberación total del hombre. Sistemáticamente, en una serie de libros que ya forman parte del legado cultural de la modernidad, Freud rompió tabúes y deshizo prejuicios, dejando al cuerpo deseante del ser humano desnudo ante sus pasiones bárbaras.

Entre la pléyade de sus discípulos, dos merecen mención aparte por sus investigaciones cimeras y divergentes: Wilhen Reich, el profeta alucinado de la energía orgónica, que llegó al extremo de atribuir todos los males de la humanidad a la represión sexual; y, Carl Gustav Jung, psiquiatra notable y excepcional investigador del mundo incosciente, que llegó a universalizar su nombre gracias a la fundamentación de los arquetipos.

La primera mitad del Siglo XX fue escenario de la lucha de los partidarios de Eros sobre Tanatos. Pero a partir de la década de los sesenta, momento cúlmine de la explosión liberacionista, el desborde sexual no encontró dique alguno en su afán por abarcarlo todo y llegó al extremo patológico de hacer del erotismo una vil mercadería.

Fue Suecia en donde se generalizó la liberación sexual hasta el nivel de declarar playas nudistas y todo mundo se encueró: niños, ancianos, jóvenes… y donde se permitió la venta libre de todo tipo de mercadería erótica y pornográfica. Y, el acto sexual se convirtió en una cuestión digestiva, era lo mismo que comer o ir al baño. Todo este libertinaje no fue gratuito, tuvo como consecuencia el mayor índice de suicidios en el mundo y el crecimiento poblacional negativo, pero con una economía con un producto per cápita de los más altos, una seguridad social y una educación única en su género: ¿Entonces?

Eros agotó su capacidad de generar placer, y fue pronto profanado por la impronta sufriente de Tanatos. El francés Sade y el alemán Masoch, escritores notables por sus aberraciones sexuales, pasaron a convertirse en modelos para los ávidos realizadores de videos pornográficos y se cometieron en la pacífica Suecia múltiples violaciones.

El humano es un animal que es fácilmente manipulable y actualmente es presa fácil de los mercaderes voraces que están alimentando su parte animal en sus manifestaciones más degradantes. Ahora los y las cantantes ya no tienen que tener calidad musical sino impacto erótico-pornográfico. Todo el espacio público y de medios masivos de comunicación están coludidos para hacer consumidores compulsivos en eterno celo, ya ni los niños se escapan.

Y nos alarmamos ante la escalada masiva de violaciones, crímenes y aberraciones sexuales. Como bien decía el filósofo existencialista alemán Karl Jaspers: “Todo lo que está a la mano pierde su valor”. La sexualidad no debe estar a la mano como una mercadería más: la sexualidad no es un espectáculo sino un rito.

Raga Garciarteaga

CDMX, 1955. Estudió Diseño en la UAM y cursó la Licenciatura en Bellas Artes en el Instituto Allende de Guanajuato. Es pintora, ambientalista y promotora de la lectura. Sitio web: dajandras.com


Fotografía de Raga Garciarteaga

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