Columna Semanal
17 de junio del 2018

¿Qué pasa con el reggaetón y su gran éxito en la población juvenil? ¿Por qué la demanda de arte ha disminuido y el consumo voraz y mecanizado ha subido? Es impresionante ver la aceptación que tuvo el reggaetón y el trap entre los chicos de mi generación; en su mayoría millenials. No sé si sea por su alusión al uso excesivo de imágenes que desemboquen en una prolifera y exitosa sublimación del deseo sexual y proyección de lo erótico o simplemente por su ritmo fácil y letras tan vacías. ¿En dónde queda la parte artística de esto? Tal vez sea la representación más apegada a la realidad de las generaciones actuales. No generalizo, claro.

No nos aporta ningún tipo de acervo, no proponen ningún cambio ideológico para la generación en la que influye, como la que nos expone la década de los 60’s con The Beatles, The Doors, Janis Joplin, Jimi Hendrix y los primeros brotes de la cultura hippie; innovando la forma en que se daban conciertos, despertando el sentido revolucionario gracias a la identificación colectiva que estos movimientos generaban, como el Festival de Woodstock en 1969. Otro ejemplo sería la década de los 70’s encabezada por Pink Floyd y Led Zeppelin, quienes cambiaron la industria musical a formas nunca antes vista y oídas. Pink Floyd es en esencia uno de los grupos que más influyó a las generaciones, desde sus inicios hasta hoy en día, tanto por sus discos conceptualizados como por su contenido filosófico en las letras, acompañado por una creación musical que no tenía precedentes. Incluso podemos ver el influjo de George Orwell y su obra Rebelión en la granja en el álbum Animals publicado en 1977.

Mi generación no se podía quedar cruzada de brazos con el reggaetón que habla de fiesta y algarabía, así que decidió traer a su hermano incómodo: el trap, el cual nos trae un toque de misoginia y machismo, como si no fuera suficiente para el arquetipo ideológico del macho mexicano. Títulos como: “Si tu novio te deja sola”, “Sensualidad”, “Felices los 4”, acompañado de una letra con uso excesivo de spanglish y desprestigio a la mujer de por medio como tema de la canción.

Tal vez mi opinión parezca algo radical ya que los chicos de mi generación lo bailan y escuchan cada que pueden y no se la viven golpeando a mujeres a diestra y siniestra, pero hay que tomar en cuenta que hay niños creciendo con ese constante bombardeo de imágenes sexuales y estereotipos de la mujer como dependiente y sumisa al hombre. Ahora sólo queda esperar a que la semilla de la falocracia germine en esas pequeñas mentes que tienen este género musical como cotidiano. Tanto el reggaetón, como el trap, pisotean cualquier forma de dignidad (siempre y cuando sea comercial). Pero ahora no tenemos filosofía ni en música ni en la educación, ya que desde el 2006 gracias al gobierno de Felipe Calderón se eliminaron las disciplinas filosóficas en la educación media superior. Nos dejaron sin herramientas para ser autoconscientes de lo que consumimos y permitimos. Estamos en una etapa de decadencia en donde la mayoría de editoriales se vendieron a fabricar productos juveniles en forma de libros, en vez de difundir la literatura de verdad. La música como hemos visto, también ha caído en un degenere en donde no tiene ni forma ni fondo, y aún así tiene una aceptación total por parte de los jóvenes. Pareciera que en vez de ciudadanos somos consumistas; porque basta con echar una mirada de soslayo a los protagonistas de esta tragedia musical para ver sus vestimentas estrafalarias y caprichos ridículamente caros. ¿Es esto lo que nuestra cultura ha permitido? ¿en unos años nos verán como la generación consumista que aceptaba todo como si tuviera un complejo de conciencia sumisa y estabulada?... Engordándonos sólo para el matadero. Debemos generar conciencia, pues la reflexión es la salvación del ser humano, la cura de la ignorancia y a su vez la dignificación del espíritu.

Kozzobi Sampedro Alonso

Estudiante del COBAO 01 Pueblo Nuevo

Fotografía de Kozzobi Sampedro Alonso

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